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La evolución de Arctic Monkeys

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Arctic Monkeys 2018

Arctic Monkeys en 2005La última gran banda, los salvadores del rock… No pocos han sido los adjetivos que se les ha puesto a Arctic Monkeys tras su llegada a la escena en 2005. En su último disco,  Tranquility Base & Hotel Casino, Alex Turner afirma en la primera frase que él “solo quería ser uno de los Strokes”, y para muchos ya es más aún. Pero no solo eso, sino que todo lo que tiene que ver con ellos está rodeado de una mística especial por parte de sus fans. No obstante, los principios de los 2000 era la época de MySpace, Internet era aún un hervidero por explotar, sin Twitter o Facebook. Aun así, los foros de Reino Unido sacaron a flote al grupo, llegando a editar maquetas los propios fans.

Formados en 2002 en Sheffield tras pedir guitarras como regalo de navidades, Alex Turner y Jamie Cook no sabían la que se les venía encima. El mundo no tenía ni idea de lo que eso significaba. Aunque no sería hasta 2006 cuando editaron Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, su primer disco. Desde entonces han conseguido un seis de seis en llegar al número uno de las listas británicas con cada álbum publicado. Casi un milagro para una banda y una generación marcada primero por la piratería y más tarde por el streaming.

El citado debut batió récords en las listas británicas. Más copias vendidas en un día en un día y en una semana, con más ventas que todo el top 20 junto. Un mes después en Estados Unidos la crítica diría que no era más que otra banda británica alabada en exceso por la prensa, pero el fenómeno que estaba a punto de ocurrir destacaría todo lo contrario. Alex Turner y compañía habían llegado para quedarse.

Tanto es así que NME, la prestigiosa revista musical, nombró a este disco como el quinto mejor de la historia de Gran Bretaña. Sí, como lo lees, el puesto cinco en unas islas que nos han dado a los Beatles, Led Zeppelin, The Who, Queen, The Rolling Stones… ¿Entendéis ahora por qué se hablaba de ellos como los salvadores del rock?

Arctic Monkeys en el estudio
Arctic Monkeys en el estudio

Poco más de un año petándolo les bastó para lanzar un nuevo álbum. Favourite Worst Nightmare (2007) es el título de su segundo disco, para el cual ya tenían todas las miras inglesas puestas en ellos. Más ruidoso y más rápido podría ser un resumen de lo que las canciones aquí incluidas atisban, mientras que el mundo aún los estaba descubriendo, pues Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not era nombrado mientras mejor álbum del año en Irlanda, Japón, Estados Unidos… La gallina de los huevos de oro seguía su curso mientras las multinacionales se les rifaban, pero ellos siempre se oponían, todo su material está publicado por Domino Records.

Humbug (2009) sería el título de su tercer LP, cuya producción contaría con uno de los grandes nombres del rock de finales del siglo XX y principios del XXI: Josh Homme. El líder de Kyuss y Queens of The Stone Age comprimiría el sonido de los monos, alejándose de esos riffs que componían sus dos primeros discos. La atmósfera se tornaba menos melódica y bebe de influencias más variadas, donde ya se aprecia una evolución hacia una música más pausada. Canciones como Potion Approaching reflejan a la perfección ese sonido desértico y esa acercamiento a lo que hacían Queens of The Stone Age. Dance Little Liar también se empeña en recrear una atmósferas apenas vistas hasta entonces en la banda de Alex Turner. La densidad del desierto de Mojave, donde fue grabado, hace mella.

Para Suck it and See (2011) Arctic Monkeys ya se habían desprendido de Homme, pero la evolución en el sonido continuaba presente. Regresan esos riffs que no tenían al principio y poco queda de ese descaro juvenil de los dos primeros discos, pero también hay melodías más alegres, como puede ser en Brick by Brick. Para esta etapa de la banda, en pleno 2011, el cambio no solo es palpable en el sonido de la banda, sino que la estética adquiere relevancia. Ya no son esos adolescentes con pelo largo y aspecto despreocupado. Chupas de cuero, tupés, barba, ropa oscura… La influencia de Josh Homme y el entorno del rock en el que se ven envueltos tiene más repercusión de la que se podría imaginar en un momento.

En estos momentos los cambios en los gustos musicales son algo que también está en proceso de cambio. The Libertines, The Strokes o The Killers son algunas de las bandas de principio de siglo que más alto sonaban entre los jóvenes. Sin embargo, Arctic Monkeys son los únicos que consiguen hacer frente a la decadencia del rock durante estos años como la banda más importante del momento y continúa haciéndolo. Su influencia en las nuevas generaciones todavía continúa, pues su último disco ha sido el más esperado del año en el mundo del rock, a pesar de que ha sido igualmente criticado por los más fans y ser el más diferente.

Para 2013 no había esa expectación, pero sí gran interés en ver con qué nos sorprendían Alex Turner y compañía. AM llegó en medio de una vorágine de desconcierto y ganas a partes iguales. Para unos se disiparon, para otros la decadencia de la banda continuaba y hay un grupo más reducido que no sabe muy bien qué opinar de este quinto álbum. Lo cierto es que la experimentación es la punta de lanza del disco, donde las letras y las voces adquieren un protagonismo mayor para Alex Turner, mientras el sonido torna hacia una vertiente más americana. Sea como fuere, sería un error no considerar a Do I Wanna Know?, R U Mine o I Wanna Be Yours como tres de las mejores canciones de los monos.

Arctic monkeys en la época del AM
Arctic monkeys en la época del AM

Tras este periplo de más de una década llegamos al esperado y polémico Tranquility Base & Hotel Casino (2018). Alex Turner intentaba relajar las tensiones acerca de este meses antes y daba avisos de lo que nos íbamos a encontrar. Uno de ellos fue crear una lista de reproducción con las influencias que había recibido, donde la música europea de autor tenía un peso importante. Aun así, los fans son los fans, y cinco años sin material nuevo de Arctic Monkeys pesaban cuando nunca habían pasado más de dos entre uno y otro. Las dudas también se alimentaban debido a The Last Shadow Puppets, el proyecto paralelo de Alex Turner que dejaba sin tiempo a su banda principal para girar debido al disco publicado en 2016. Entre tanto, el representante de Turner le había regalado a este un piano, instrumento con el que descubrió nuevas maneras de componer. Llegados a este punto se llegaba a especular con que Tranquility Base & Hotel Casino sería una publicación en solitario del propio Turner. Pero no.

El 11 de mayo veía la luz el nuevo hijo de Arctic Monkeys, con el nombre de la banda y once nuevas canciones. Para muchos, una decepción total. Otros, sin embargo, se esperaban algo así. Pausado, relajado, con estructuras distintas a lo que cabría esperar de una banda de rock… Y poco rock en general. Prácticamente nada. Pero lo cierto es que los temas que conforman el álbum son buenas canciones. Mucho más denso que los anteriores, cuesta que entre a la primera sin digerir poco a poco. Pero sería difícil encontrar a alguien que diga que el single Four Out of Five o Ultracheese son malos temas.

16 años dan para mucho, y a Arctic Monkeys les ha dado para seis discos, miles de conciertos y millones de fans por todo el mundo, hasta tal punto de ascenderlos como mejor banda de rock del siglo XXI. Discutible como poco, pero no que son la más importante, la que más repercusión ha obtenido y la que más influencia ha ejercido. A la vista está.

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